Compra de platos refrigerados

En general, antes de acudir al punto de venta, se debería planificar la compra y confeccionar una lista con aquellos alimentos que sean necesarios, en función del número y tipo de comidas que se consumirán, el número de comensales, las existencias previas, la disponibilidad de espacio de almacenamiento, el tiempo que se tardará en volver a realizar la compra, etc. La lista de la compra es una herramienta muy útil para evitar olvidar algún producto, pero también para no caer en ciertas tentaciones muy apetitosas pero poco saludables o que desajustan los presupuestos domésticos. Además, los expertos recomiendan ir en ayunas, ya que el hambre no suele ser una buena aliada a la hora de decidir qué alimentos comprar.

Una vez en el establecimiento de confianza (ver Canales de venta de los platos refrigerados), debería dedicarse el tiempo que se considere necesario a la selección de los alimentos que se van a comprar. Una buena compra no sólo permitirá un ahorro de tiempo y de dinero, sino que también supondrá una inversión en salud.

De entre los productos de la lista de la compra, se debería reservar para el final la adquisición de todos los alimentos refrigerados y congelados, evitando así su calentamiento innecesario.

Ciñéndonos al caso particular de los platos preparados refrigerados, deberían comprarse únicamente aquellos que estén almacenados en condiciones adecuadas, de manera que se garantice la integridad del producto y el mantenimiento de la cadena de frío (ver La cadena de frío en el sector de platos refrigerados).

En la gran distribución, cada vez más y dado el auge de esta categoría de alimentos, la tendencia es a que se reserve un espacio específico para los platos preparados refrigerados (lineal refrigerado, vitrinas refrigeradas, frigoríficos, etc.), separado, señalizado y claramente diferenciado de las demás categorías.

La etiqueta que acompaña a los platos preparados refrigerados contiene toda aquella información necesaria para que el consumidor pueda tomar la decisión de compra más acertada entre toda la gama de productos ofertados (ver El etiquetado de los platos refrigerados). Es importante dedicarle unos segundos a su lectura, examinando la información que pueda ser de interés (fecha de duración mínima o fecha de caducidad, cantidad neta, lista de ingredientes, cantidad de ciertos ingredientes, presencia de ingredientes alérgenos, información nutricional, condiciones de conservación, modo de empleo, etc.). En cuanto al precio, la legislación actual estipula que el detallista debe indicar junto al precio por unidad de venta, el precio por kilogramo, facilitando así la comparación entre diferentes artículos sin necesidad de realizar cálculos mentales.

Una vez realizada la compra, los platos refrigerados se deberían disponer en cajas o bolsas de transporte de manera que se eviten golpes, aplastamientos u otros desperfectos que afecten a su integridad y hermeticidad, preferiblemente junto a otros alimentos envasados refrigerados y, siempre que sea posible, en bolsas isotermas (con acumulador de frío si se prevé un trayecto prolongado). En ningún caso se transportarán junto a productos de limpieza, productos tóxicos u otros productos incompatibles.

Desde este momento, se debería procurar que los platos refrigerados fuesen guardados en la nevera en el menor tiempo posible, para que recuperasen rápidamente la temperatura adecuada de conservación. Así mismo, debería evitarse su transporte junto a fuentes de calor (cerca de las toberas de calefacción del coche, al sol, etc.).

Una opción muy eficaz y cada vez más utilizada es utilizar los servicios de reparto a domicilio que ofrecen los propios establecimientos detallistas o la compra a través de internet a distribuidores de confianza, quienes se responsabilizarán de entregar los alimentos en las mejores condiciones posibles.